| Policía federal contra maestros que protestan por la reforma educativa impuesta por el gobierno de Peña Nieto. Foto: Tomás Bravo/reuters 13Sep13 |
Con voz propia DE Rigoberto Vargas E.* PARA losangelespress.org EL 19 de septiembre del 2013
Quienes tenemos la fortuna de hilar un par de frases medianamente coherentes, suponemos ese hecho como un logro. Y tener más de dos lectoras o lectores amables, será siempre la meta para los escribidores aficionados.
Deseamos encontrar el tema que impacte, que atraiga, que nos genere visitas y comentarios para la egoteca. Muchos nos volcamos en calificar y hacer juicios sobre tal o cual mal funcionario, sobre la inacción de policías; repetimos lo que es del dominio público y que se calla por sabido; como la voz alta que dice que los malos han cooptado con cañonazos de dinero a varias corporaciones de seguridad pública. Y van más lejos, afirman que son de los tres niveles. Se habla incluso de generales del H. Ejército Mexicano involucrados en dar facilidades a los malos y recibir por ello ingentes cantidades de pesos o dólares. Creen algunos personajes de nuestra sociedad que el uso de la crítica es un acto cuasi vandálico, insulso, sin sentido y hasta ocioso. No toleramos al que nos rebate, al que piensa diferente, al que también cree tener la verdad y nos lanzamos en su contra para hacer de la virulencia verbal una forma de desahogarnos de la realidad ominosa que se nos encima de forma cotidiana.
Y la realidad en su terquedad nos muestra de pronto el rostro de un militar mirándote con odio, a un granadero ansioso de sangre, de golpear, de mostrar su furia, su descontento acumulado y vaciar en ese acto contra el que piensa diferente toda su ira, sus corajes y frustraciones. No sabe a quién está dirigiendo sus golpes; su condición mental es de obnubilación, de barbarie, de buscar una espalda, un rostro, una cabeza dónde descargar emociones antisociales que se fueron juntando en los meandros de su mente. Observe las imágenes de los que golpean a los ciudadanos. Hay odio, brutalidad, goce en el acto de dañar al otro, al que le dijeron; (supongo) que es enemigo del orden, la disciplina y la autoridad. Y allá el toletazo con la nobilísima intención de dañar, lastimar, herir y dar testimonio de su eficiencia laboral. No quiero imaginar cuáles fueron los motivos para terminar trabajando en alguna corporación policiaca. No tengo datos de cuantos militares hay en activo, ni cuantos federales que fueron reclutados con carreras terminadas para elevar el nivel de preparación de los miembros de la corporación.
Sospechamos que es la falta de oportunidades laborales la que incide más en su elección. Una decisión sin muchas opciones para muchos. Pero de nuevo la sospecha, no la certeza, de nuevo la duda sin comprobar.
En un mundo en el que las armas y la violencia son toda una cultura y paralelamente una industria, muchos se enrolarán por gusto. Aspiro cándidamente a que la mayoría lo haga por vocación de servicio. Por amor a la patria, su familia y su comunidad. Esperaría que muchos de esos policías federales se enrolen con título profesional, para retribuirle de forma mínima, un poco de lo que la sociedad aportó mediante el pago tributario en su formación educativa. Me gustaría saber que los cursos de capacitación policial incluyen clases de historia, civismo, ética, derecho, y sobre todo: amor por México. No desdeño la necesidad de su formación policiaca, esa es su vocación, combatir a la delincuencia su misión. Por lo menos eso debemos suponer. Por eso vemos a jóvenes de regular estatura metidos en la federal. Muchos de familias bien, venidas a menos, otros que no tuvieron más opciones laborales y la vieron como opción.
Las fuerzas federales, sobre todo aquella vieja Policía Federal de Caminos era muy respetada por la sociedad. Eran confiables y su acción contra los malosos creó toda una época. Con la creciente delincuencia, se decidió la masificación de estos elementos, cientos de puestos de reclutamiento se instalaron a lo largo y ancho del país. Comerciales de televisión llamando a los jóvenes a servir a México leal y patrióticamente. No cabe duda que esos elementos debieron rendir frutos debido a sus regulares salarios, especialización y escolaridad. Los emolumentos no deben ser bajos para evitar la corrupción. Aún resuenan las palabras del ciudadano Salinas justificando el pago elevado a funcionarios públicos para evitarles la tentación corruptora. ¿Eso ha servido realmente?
No conozco el gremio, especulo. No tengo familiar ni amigo o conocido “federal”. Estoy seguro que ellos deben enfrentar a los violentos en los dos planos: el que corrompe o el que mata. La elección no debe ser muy difícil al momento de ponderar ser cazado o entregado por los elementos infiltrados o detener la unidad a cierta distancia mientras las operaciones de los malosos llegan a feliz término. Tampoco este es un hecho ajeno, ya mucho se ha escrito por expertos. “Coopelas o cuello”, “¿Plata o plomo?” Ésa es una realidad galopante y ominosa en todo el país.
Regreso a la mirada del militar, es de odio a los civiles, le pregunto la razón de su mirada y responde: “desprecio a los de trajecito”, pero él está armado, yo no, él sabe matar, yo no, él sabe someter físicamente, yo no. Él es violento y su reacción es de exterminio, la mía no. Quiero imaginar su infancia de carencias, de sueños, de hambre. Y después lo vemos parado, mirando al ciudadano. Éste bromea, ríe, canta y baila, corre a guarecerse del agua, él no. El joven de civil bebe, es desobligado, no tiene disciplina, no ama a México, piensa, él es militar del ejército. ¿Lo pensará así? Ahí está parado, su rostro aún de niño está endurecido. No rehúye la mirada, quizás quiere escrutar tus pensamientos, o sólo es instrucción. No sabemos qué les enseñan a nuestros jóvenes del ejército. Yo no lo sé. ¿Acaso los civiles somos sus enemigos? No lo creo.
La casta guerrera de nuestro ejército es invaluable históricamente. Ellos son los únicos que están en las calles, cuando el huracán tiene a todos los habitantes en sus hogares o refugios. Ellos son los que enfrentan a los criminales en la sierra, los montes y las montañas donde se siembran enervantes, ellos los que contienen el avance del crimen organizado a golpe de metralla. Pero se habla de la corrupción de mandos. Ojo. Eso es alarmantemente peligroso.
La barrera de esa estirpe patriota, se debilita con la creciente corrupción de los mandos intermedios acusados por sus propios subordinados. Y es así que la corrupción, cuando viene de la cúpula, corrompe más rápidamente el sentido ético de sus miembros. Es igual que en una sociedad o familia: cuando el líder falla, los miembros en escala siguiente aprenden rápidamente. Y en esa penosa condición nos encontramos hoy, ahorita, en este momento crucial para nuestro país. Estamos por caer en ese tobogán de resentimientos y polarización del cual nadie sabe qué puede resultar.
Los ciudadanos conscientes acusamos a la Tv de infringir reglamentación de su título de concesión al fomentar desde pantalla la división social. Pero a veces caemos en la misma postura al condenar a otros como enemigos por tener posiciones de escaso análisis. O por defender su estatus social. Pero también le atizamos al fogón de las inquinas y nos sumamos a la labor sorda de separarnos como sociedad.
México ha sido objeto de saqueos históricos. Trescientos años de sometimiento son prueba de ello. Cien años de la consolidación aparente de la república, y después, Porfirio Díaz hereda una sociedad clasista, prepotente con los menesterosos desde las élites. Tal fue el abuso de poder que la reacción de todo un pueblo fue su desconocimiento. Y en esa vorágine de la revolución armada perdimos más de cinco millones de mexicanos. Y esos odios nos siguen acompañando en nuestra división actual. Abusados.
He afirmado la urgente necesidad de tener unidad de propósito, un rumbo común, un objetivo compartido y divididos no lo alcanzaremos nunca. Estamos partidos por los partidos y manipulados desde la pantalla chica. Sólo las redes sociales son nuestro refugio. El uso de los medios digitales o TI´s, ofrecen una ventana para alertar de que nuestro proceso de descomposición por desconocimiento, manipulación u omisión está en marcha y tiene muchos años. Entre más veamos a los militares, federales y policías como enemigos de la sociedad y éstos a los civiles como sus contrincantes, más se decantan las condiciones propicias de la debacle y poco podremos aportar a la convivencia armónica que ayude a construir y tender puentes. Esos puentes tan urgentes de construir, máxime cuando los resentimientos sociales toman carta de naturalización en nuestra vida cotidiana.
Setenta años después del PRI agónico, resulta que el monstruo sólo reposaba. El dinosaurio sigue allí, diría Monterroso, tan profético y certero. Y trae hambre de animal tras hibernación de 12 años.
Hacerle el juego al tal Arreola, Alemán, Hiriart, López Dóriga, Loret, Camín, Micha, Sierra, Villalvazo, Alatorre, etc. Es desconocer que desunidos somos tan, pero tan vulnerables, que cegamos el futuro de nuestras inmediatas generaciones. Tus hijos nacidos y no nacidos querida lectora, gentil lector.
Estoy muy agradecido con los jóvenes mexicanos, ésos que cada vez se suman y se asoman a la certeza de que un México más incluyente es posible.
Espero que en algún momento urgentemente necesario, podamos decir con gran orgullo que somos una abrumadora mayoría de: Mexicanos Unidos.
Este texto pretende ser una provocación para los pacifistas y amantes de esta nuestra patria por construir. Si eres devoto de la verdad y los más altos valores, agradezco tus comentarios en rigove@yahoo.com Quejas ahorita no; estamos haciendo puentes y quitándole el garrote a los virulentos. Sí, tú, ya sabes quién eres. Te abrazo.
*El autor es mexicano, poeta, activista en las redes sociales.
@OratoiaPolitic
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